jueves 8 de octubre de 2009

DOMINGO XXVIII ORDINARIO - ciclo B

¡EL CIEN POR CIEN AHORA Y LA VIDA ETERNA DESPUÉS!
SAN MARCOS 10,17-30
En aquel tiempo, cuando Jesús salía al camino se le acercó uno corriendo, se arrodillo y le preguntó:
- Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Jesús le contestó:
- ¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.
Él replicó:
- Maestro, todo esto lo he cumplido desde pequeño.
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:
- Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme.
A estas palabras él frunció el ceño y se marcho pesaroso porque era muy rico.
Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
- ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió:
- Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el Reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.
Ellos se espantaron y comentaban:
- Entonces, ¿quién puede salvarse?
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
- Es imposible para los hombres no para Dios. Dios lo puede todo.
Pedro se puso a decirle:
- Ya ves que nosotros lo hemos dejado y te hemos seguido.
Jesús dijo:
- Os aseguro, que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura la vida eterna.


COMENTARIO
¡Qué difícil debe ser eso de dejar la cuenta corriente del banco a cero, porque un buen día al Señor se le ocurrió invitarnos a darlo todo por el Evangelio y por Él! ¿Cómo se le ocurriría a ese buen joven rico preguntarle qué más tenía que hacer? ¡Pero, hombre de Dios, si ya cumplías con exactitud escrupulosa los mandamientos! ¿Qué más pretendías? ¡La que nos has preparado al resto de los sufridos mortales que estábamos entusiasmados con el Señor?
El caso es que ahí nos dejó San Marcos este pasaje que nos inquiete un poco y nos mantenga siempre activos por el Reino.
Cuando no se tiene nada, ni una casa para cobijarse, ni hogar para sentirse querido y amar, entonces debe ser más sencillo seguir al Señor: el evangelio encuentra una excelente acogida entre los desheredados de nuestro mundo. Ya lo era así también en tiempos de Jesús.
Nos cuentan que hoy son pocos los que deciden entregar todo, para dar su vida por causa del Evangelio. Los tiempos de abundancia y bienestar que corren lo ponen complicado, y eso que el Señor promete el cien por cien en este mundo y la vida eterna en el otro.
¿Y si fuera verdad lo que promete el Señor? ¡Y lo es con seguridad! Lo cierto es que no nos fiamos, o sencillamente no queremos arriesgar por si acaso, o bien, lo que parece más seguro, estamos muy aferrados al confort conseguido. La mayoría prefiere colaborar, hacer unas horas, dedicarle un tiempo al Señor. En realidad es tanto lo que tenemos y que nos hace tan felices, y es tal el apego que es muy difícil darlo todo, sin reservarnos algo, aunque solo sea para los momentos de aburrimiento o por si nos cansamos antes de empezar a trabajar en la viña del Señor... ¡En fin, que se está bien en la propia casa!
Sin embargo, la invitación del Señor es contundente y no admite medias tintas, ni medias entregas… Se trata de fiarse totalmente de Él. Y no es que no contemos con ejemplos de entrega total por el Señor, seguidos de la recompensa prometida, ya en este mundo; lo que nos hace suponer que la recompensa eterna tampoco se hará esperar. El ‘pero’ está en que es imposible para los hombres desapegarse de lo que poseemos, ganado justa o injustamente, que eso no cuenta ahora.
A San Marcos se le quedó muy grabado que sólo Dios lo puede todo y que, por lo tanto, debemos empezar por pedirle a Dios Padre que nos dé un corazón totalmente desprendido, vacío de las apetencias de este mundo. Eso sí: ‘A Dios rogando y con el mazo dando’. Yo comenzaría por tirar el televisor y el móvil a la basura y luego… lo demás que me impide bosquejar un proyecto de vida con meta de eternidad.
Ante todo, confiemos a Dios Padre la ardua tarea del desapego. ¡Mientras nos va atendiendo -porque el Señor tiene sus tiempos, que no coinciden con los nuestros-, no deja de ser una buena idea comenzar por dar una patada al televisor y al móvil! ¡Seguro que, a partir de ese día, sentiremos menos sofoco al respirar -que no es poco!

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada