miércoles, 14 de febrero de 2018

I DOMINGO DE CUARESMA

(Mc.1,12-15)
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:- «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».

COMENTARIO

La Cuaresma es un tiempo propicio para los inquietos, los impulsivos, los que sienten la necesidad imperiosa de actuar, de evangelizar, porque el tiempo se acaba. En la Cuaresma se nos ofrece un tiempo de reposo, de silencio, de conversión y también de esperanza. El Espíritu del Señor nos impulsa a adentrarnos en el desierto, lugar simbólico de silencio, de desprendimiento. En el desierto todo invita al recogimiento, al adentrarse uno en sí mismo y descubrir los caminos equivocados que hemos podido emprender en nuestra vida, y nos abre la puerta de la conversión, de la rectificación.
Nos dice San Marcos que es el Espíritu el que empuja a Jesús al desierto. Es el Espíritu quien nos mueve, quien nos impulsa en la vida. Esto es importante tenerlo siempre presente para no emprender acciones, por muy necesarias o imprescindibles que nos parezcan, si no es el Espíritu quien nos anima a ello. Esto no es fácil de percibir. Jesús empieza su vida de apostolado tras una larga estancia en el desierto: lugar de soledad, de silencio, de reposo; donde no hay prisa por llegar a ninguna meta, porque el horizonte carece de límites. En el desierto solo hay alimañas, es decir, tentaciones que nos impulsan imperiosamente a salir de allí, porque no hay a quien transmitir el mensaje de salvación que creemos imprescindible predicar. Sin embargo, los tiempos del Espíritu no son nuestros tiempos.
Dejémonos servir por los ángeles y demos tiempo al Espíritu. Sólo así podremos ver algún día la proximidad de la llegada del Reino, para poder gritar a los hombres con plena convicción: ¡Está cerca el reino de Dios!
Si no te dejas conducir por el Espíritu, tu mensaje sonará a mera repetición de palabras oídas pero no encarnadas en ti.
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jueves, 8 de febrero de 2018

VI DOMINGO - B

Marcos 1,40-45 
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
- Si quieres, puedes limpiarme.
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
- Quiero: queda limpio.
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
- No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés. Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

COMENTARIO:

San Marcos nos cuenta que Jesús se para ante un leproso que reclama su atención, porque siente compasión por él.
¿Nos paramos ante el enfermo, el anciano que requiere ayuda para cruzar la calle, el indigente que reclama una moneda...? Si no nos detenemos ante situaciones de dolor, soledad, indigencia, súplica… tal vez no tenemos arraigado en nosotros el sentimiento de compasión o lo tenemos oscurecido por nuestro todopoderoso razonamiento.
Hasta en el hombre más malvado anida un profundo sentimiento de compasión que se manifiesta ante la contemplación del sufrimiento de otro ser. Los mismos animales nos dan ejemplo de ello con frecuencia. Sin embargo, a los humanos, el razonamiento debilita frecuentemente este sentimiento de compasión y nos impide actuar con “humanidad”.
Jesús sentía compasión y reaccionaba parándose, consolando, animando y sanando a los enfermos.
«Señor, si quieres, puedes limpiarme» -grita el enfermo de lepra-; y el menor indicio de fe hace posible el prodigio: «Quiero, queda limpio». Y aquel proscrito de la sociedad, se ve integrado de nuevo en ella.
¿Qué ha ocurrido para que se produzca el milagro de la curación? Primero, Jesús infunde confianza y esto hace posible que el leproso se anime a acercarse a él sin temor a ser denunciado. La fama de Jesús se ha extendido por toda Galilea y abre el camino a la fe. Finalmente, un sencillo gesto de fe -«Señor, si quieres, puedes limpiarme»- hace posible el milagro.
Aquí nos presenta Marcos todo un programa de vida para los cristianos: salir al encuentro, pararse, abrir el corazón compasivo que todos llevamos dentro y atender sin límite de tiempo a quien reclama nuestra atención.
¡SEGURO QUE ASÍ LOS CREYENTES SEREMOS UN INTERROGANTE, SIEMPRE ACTUAL Y VIVO, PARA LOS NO CREYENTES!
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jueves, 1 de febrero de 2018

V DOMINGO ORDINARIO - B

LIBRO DE JOB 7, 1-4. 6-7
Job habló diciendo:
«¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un jornalero? Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.
Mí herencia han sido meses baldíos, me han asignado noches de fatiga. Al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.
Corren mis días más que la lanzadera, se van consumiendo faltos de esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no verán más la dicha».

COMENTARIO

Job describe con gran expresividad la dureza de la vida del hombre sobre la tierra. Compara su propia vida a la de un jornalero que trabaja todo el día soportando la crudeza del tiempo y la dureza del trabajo para obtener una mísera recompensa al final de la jornada. Es más, Job es víctima de una enfermedad dolorosa en extremo e incurable: Las horas pasan lentamente y la noche se le hace insoportable. Al sufrimiento corporal se añade el dolor psíquico y espiritual de no sentirse merecedor de semejante desgracia. El final del texto resulta iluminador, pues Job, a pesar de todo, no ha perdido su confianza en Dios, a quien dirige su plegaria llena de fe y esperanza. Siente que Dios es lo único que le queda y a él se confía.
¿Cómo explicar el sentido del dolor inmerecido? ¿Qué respuesta podemos dar al hombre de hoy? ¿Qué hace Dios ante tanto sufrimiento de tanta gente inocente? «Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome? ¿Hasta cuándo nos esconderás tu rostro?» –se queja el buen israelita en el salmo 13.

Tal vez la mejor repuesta sea el silencio. Aparentemente Dios calla, pero Job no deja de invocarle y esperar en él. Y Dios no le defrauda.
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jueves, 25 de enero de 2018

IV DOMINGO ORDINARIO - B

DEUTERONOMIO 18, 15-20
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«El Señor, tu Dios, te suscitará de entre los tuyos, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb el día de la asamblea: “No quiero volver a escuchar la voz del Señor mi Dios, ni quiero ver más ese gran fugo, para no morir”.
El Señor me respondió: “Está bien lo que han dicho. Suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá todo lo que yo le mande. Yo mismo pediré cuentas a quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá” ».

COMENTARIO

El libro del Deuteronomio impulsa una renovación de la vida religiosa del pueblo. Aquellos israelitas piadosos venidos a Judá después del 721 a. C. traían ideas nuevas, que a nosotros nos pueden resultar excesivamente tradicionales, pero que resultaron ser innovadoras para recuperar una vida religiosa más concorde con la Alianza de Moisés.
Surge así la figura del profeta como enviado por Dios para hacerse comprender por su pueblo. La Iglesia vio, en este anuncio de un profeta transmisor fiel de la palabra de Dios, la figura de Jesús, el hijo de Dios encarnado, por medio del cual el mensaje de Dios nos resulta comprensible.
La figura del profeta es la alternativa a magos, adivinos y vaticinadores. El profeta hablará en nombre de Dios y transmitirá fielmente su palabra. El profeta que diga hablar en nombre de Dios y transmita un mensaje falso tendrá que dar cuentas ante Dios, así como el pueblo que no siga los consejos del profeta.
Dos enseñanzas se desprenden de este texto:
En primer lugar, Dios ha querido siempre el bien de su pueblo; por ello buscó siempre caminos para hacerse comprender por el hombre. La figura del profeta es un paso innovador en la pedagogía de Dios para enseñar al pueblo el camino por donde conducirse para alcanzar la felicidad en la tierra.
En segundo lugar, siempre hubo dentro del pueblo judío hombres piadosos que buscaron el bien del pueblo y no se aprovecharon de él valiéndose de su autoridad o sabiduría. Estos sacerdotes y conocedores de la Alianza abrieron caminos de renovación, con frecuencia arriesgados, como la aparición de la figura del profeta.

Estos judíos piadosos, custodios fieles de la Alianza, son un testimonio para nuestro tiempo: Dios permanece fiel a su amor al hombre y nos anima a emprender con valentía y decisión nuevos caminos de encuentro entre Dios y los hombres.
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jueves, 18 de enero de 2018

III DOMINGO ORDINARIO - B

JONÁS 3, 1-5. 10
El Señor dirigió la palabra a Jonás:
«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré»
Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa, hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:
«Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada».
Los ninivitas creyeron en Dios; proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.
Vio Dios su comportamiento, cómo habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.

COMENTARIO

«Muéstrame, Señor, tus caminos de vida» (sal 24). Con esta invocación deberíamos comenzar siempre cada jornada. El Señor es quien nos puede enseñar y guiar por los caminos de la vida.
Hoy también el Señor nos muestra a través de su palabra los senderos por los que tenemos que conducirnos hacia nuestra felicidad, hacia la meta final.
El Señor invita al profeta Jonás a ponerse en marcha, como nos invita cada día a nosotros al comenzar una nueva jornada de trabajo.
A Jonás le ordena ir a la gran ciudad de Nínive –tres jornadas eran necesarias para recorrer aquella ciudad-. Nínive simboliza, sin duda, el mundo, para nosotros nuestro mundo, ese en el que nos movemos cada día.
La tarea encomendada a Jonás es anunciar la conversión. Nuestra tarea es trabajar en la viña del Señor, en su reino –nos recuerda Marcos en el evangelio-.
Jonás se pone en camino y se adentra en la ciudad: «Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada». Los ninivitas se convierten y Dios no ejecuta la sentencia de destrucción.

Como en tiempos de Jonás, Dios sigue llamando a trabajar en su reino. Como discípulos de su hijo, también nosotros nos sentimos llamados y enviados a la tarea de la salvación de los hombres. En nuestras manos está el destino dichoso de la humanidad.
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jueves, 11 de enero de 2018

II DOMINGO ORDINARIO - B

Samuel 3, 3b-10. 19
En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:
– «Aquí estoy».
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».
Respondió Elí:
– «No te he llamado; vuelve a acostarte».
Samuel volvió a acostarse.
Volvió a llamar el Señor a Samuel.
Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».
Respondió Elí:
– «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte».
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:
– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:
– «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha"».
Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:
– «¡Samuel, Samuel!»
Él respondió:
– «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».
Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

COMENTARIO

El tema que sugiere el Libro de Samuel y el evangelio de este domingo es el de la llamada. Dios llama y nos llama a todos, no solo a unos pocos privilegiados; por lo tanto, nadie puede poner la excusa que Dios no le ha indicado a él qué es lo que tiene que hacer en la vida, que él no cuenta para la tarea del Reino.
Sucede con relativa frecuencia que no somos conscientes de la llamada de Dios que hemos recibido porque el ruido del mundo: las prisas, las ocupaciones y preocupaciones diarias no nos dejan tiempo para el silencio; otras veces es el propio silencio el que nos molesta o el temor de que Dios nos llame a una misión que no nos apetece, que nos saca de nuestra comodidad.
En el Libro de Samuel descubrimos algunas características de esta llamada que nos pueden servir de orientación para nuestra propia vida y revelarnos la misión para la que hemos sido convocados por Dios Padre.
Dios nos habla preferentemente en el silencio, o mejor dicho, apreciamos con mayor claridad su llamada en el silencio: Dios habla a Samuel en el silencio y quietud de la noche, mientras descansa.
Esta llamada no produce miedo en Samuel; por el contrario, responde con prontitud; sin embrago, no le resulta fácil distinguir con claridad que es el Señor quien llama. Samuel necesita de una mediación humana para clarificar la llamada: acude a Elí y este le indica el camino que ha de seguir para comprender al Señor, que le llama.
Termina el texto diciendo que Samuel siguió creciendo en el Templo y el Señor estaba con él.

Este es el camino que hemos de seguir también nosotros. Todos somos llamados. Si escuchamos a Dios en el silencio, es decir, alejándonos de todo lo que nos impide escuchar con ánimo abierto a la voluntad de Dios, Dios Padre nos hará crecer como hijos suyos en el camino de la vida.
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viernes, 5 de enero de 2018

BAUTISMO DEL SEÑOR - B

ISAÍAS 42, 1-4.6-7
Así dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones: No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra y sus leyes, que esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas».

COMENTARIO

En este texto profético se nos dibuja la imagen perfecta del Mesías. Así lo ha visto la Iglesia y así nos lo presenta hoy para nuestra reflexión. Se trata de una fotografía perfecta de lo que luego será la vida de Jesús; por ello, es importante descubrir los rasgos que caracterizan al Siervo para acertar a contemplarlos en la figura de Jesús en el evangelio.
Comienza el profeta invitándonos a fijarnos en la figura del Siervo, a quien Yahvé sostiene con la fuerza del Espíritu.
Inicia su descripción descartando cualquier rasgo negativo que pueda afear su conducta: No despreciará el aliento de vida por débil que este sea, ni apagará la luz a punto de extinguirse: no se impondrá por la fuerza de su voz ni por la potencia de su brazo.
¿Cuál será su pedagogía de actuación? Será fiel, actuará con firmeza y sus preferidos serán los pobres, los indefensos, los encarcelados, los que no le ven sentido a su vida, los excluidos, los que no se sienten amados por nadie…

En el texto evangélico de este día, será el Padre quien nos presente a su Hijo Predilecto y nos invitará a escucharlo y contemplar sus signos prodigiosos.
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