miércoles, 8 de julio de 2026

XV DOMINGO ORDINARIO - A

 Mt 13, 1-23


Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:

- Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

-¿Por qué les hablas en parábolas?

Él les contestó:

-A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.

 

COMENTARIO:

El profeta Isaías asegura que la palabra de Dios, una vez pronunciada, no retorna a él sin antes haber cumplido su voluntad. Si esto es así, ¿De quién depende que la palabra de Dios no dé el fruto esperado? El problema radica en el hombre, quien la acoge o la rechaza.

Dios Padre siembra su palabra de salvación cada día en nuestro corazón. Sin embargo, de la parábola de Jesús se desprende que solo los sencillos, los que la aceptan venida de Dios consiguen que dé el fruto del ciento por uno. Hay quienes ponen infinidad de obstáculos a la gracia de Dios que reciben cada día, y por ello la semilla no germina ni puede desarrollarse para dar el fruto esperado.

Para que hoy dé fruto en nosotros la semilla de Dios Padre, no hemos de dedicar nuestro tiempo a imaginar la escena de las autoridades de Israel rechazando la palabra de Jesús. Esto es evadirse del problema y haría que despreciáramos la gracia de Dios que a cada momento nos llueve del cielo. Por el contrario, debemos ir por la vida atentos a esa lluvia de gracias que nos vienen: ese pobre que nos pide limosna, ese vecino que pasa por un mal momento, ese compañero de trabajo al que niego el saludo desde hace tiempo y me encuentro con él cada día, esa iglesia abierta que me ofrece la posibilidad de parar unos minutos en mi camino y pasar a hacer un momento de oración, esa anciana que camina a duras penas con el carro de la compra, ese enfermo que agradecería un rato de compañía… Todas son semillas de salvación que Dios Padre siembra en nuestro terreno y que no siempre encuentra preparado para que el fruto pueda ser exuberante.

La semilla es excelente, nos lo ha dicho el profeta Isaías en nombre del Sembrador. ¿Por qué no da apenas fruto? Será bueno que dediquemos un tiempo a meditarlo; nos hará bien.

Los fariseos, cuando iban a escuchar a Jesús, estaban al acecho para ver si lo cogían en algún error para poderlo denunciar ante las autoridades. Otros escuchaban porque les encantaba su forma de hablar tan elocuente y sencilla, o simplemente porque infundía serenidad y paz. El pueblo sencillo e inculto le escuchaba con gusto porque lo entendían, se sentían animados a vivir y les resultaba cercano y atento con cada uno -nadie se sentía ni más ni menos importante que los demás. Estos últimos eran el terreno adecuado para sembrar la palabra. Luego, no daba el mismo fruto en todos, porque no todos la ponían en práctica.

Vea cada uno de nosotros cuál es su actitud al escuchar o leer la palabra de Dios. ¿Qué buscamos en ella? ¿Escuchamos para poder criticar al papa, a los obispos, sacerdotes, catequistas, porque dicen y luego ellos no cumplen? ¿Escuchamos porque el predicador nos agrada? ¿Escuchamos esperando que sea breve y acabe pronto?

Según sea nuestra actitud así será el fruto que produzca en nosotros la semilla de la palabra de Dios.

miércoles, 1 de julio de 2026

XIV DOMINGO ORDINARIO - A

 Mt 11, 25-30


En aquel tiempo, exclamó Jesús:

- Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

 

COMENTARIO

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla».

Jesús comienza hoy diciendo que da gracias al Padre porque le ha parecido bien dar a conocer lo importante a los sencillos, a los que carecen de inteligencia y ciencia, a los que carecen de medios económicos e influencias para conseguir el bienestar y, con él, la felicidad y el descanso.

En nuestro mundo los sabios y entendidos gozan de mayor prestigio y honores; ocupan los primeros puestos en la sociedad, en la política y también en la Iglesia. Pues bien, a estos el Padre no ha querido manifestarles lo que verdaderamente importa, lo que nos acerca a Dios Padre y trae la felicidad.

Nosotros nos inclinamos por los “sabios y entendidos”, precisamente porque saben y tienen experiencia, y les elegimos en las asambleas y en las elecciones. De los “sencillos”, por ser pobres e ignorantes no nos fiamos lo más mínimo, ni les miramos a la cara, ni tan siquiera les saludamos, porque consideramos que no tienen nada que darnos.

Pues bien, que nos quede claro que el Padre ha preferido a los necios del mundo para confundir a los “sabios y entendidos”.

La oración de alabanza de Jesús es de reconocimiento de la forma de obrar del Padre, que es la mejor y que el propio Jesús hace suya, convierte en su proyecto de vida.

La pregunta es obvia: ¿A quién preferimos nosotros para nuestros planes? ¿Nos podemos considerar verdaderos discípulos de Jesús?

 «Venid a mí todos los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». ¿Quién no está cansado y agobiado en nuestros días? ¡Son tantas las necesidades que tenemos y nos creamos! ¡Son tantas las preocupaciones y problemas que nos despiertan cada mañana antes de lo esperado, que no conseguimos descansar por la noche! Es tal nuestra tensión de vida que nos proponemos unas cortas vacaciones, con el fin de desconectar de la vida ajetreada que llevamos; sin embargo, con frecuencia sucede que regresamos a nuestra vida ordinaria tan cansados como fuimos. Jesús se nos ofrece como descanso y alivio en su palabra y en la eucaristía.

Finalmente, Jesús se nos propone como ejemplo: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón».

Acerquémonos a Jesús, aprendamos de él, vayamos a su escuela. San Lucas nos dice que pasaba las noches en oración y diálogo con el Padre. San Marcos asegura que madrugaba para retirarse a un lugar apartado para orar. En los monasterios de vida contemplativa, tan poco valorados por nuestra sociedad, podemos acercarnos a la escuela de oración y contemplación de Jesús.

En la eucaristía dominical nos encontramos con Jesús, manso y humilde y con otros creyentes que han encontrado ya el camino acertado o que están a la búsqueda de él. Acudamos cada domingo a participar en ella.