Juan 10, 1-10
[…] Las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas… camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños... las ovejas no los escucharon.
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les
hablaba.
COMENTARIO
En algunos ambientes de la Iglesia se insiste en la necesidad imperiosa de
un magisterio eclesiástico, hoy más que nunca, ante la gran desorientación que
reina en el grupo de los creyentes: ¿Cómo distinguir, si no, la voz del Pastor?
Puede que sea cierto, pero no parece desprenderse esta idea del texto
evangélico de san Juan.
En el capítulo 10 del evangelio de san Juan se habla de un pastor –Jesús– y
de unas ovejas –creyentes y no creyentes–. Se nos dice que las ovejas conocen
la voz de su pastor y por eso solo le escuchan a él.
Oímos hablar a nuestros obispos en sus cartas pastorales, no siempre
coincidentes, en ocasiones discordantes. Oímos también a nuestros sacerdotes y
no siempre identificamos la voz del Pastor. Oímos a los teólogos y no los
comprendemos porque siguen interpretando los textos sagrados en un lenguaje
demasiado lejano ya para nosotros, porque los términos que usan ya no se
reflejan en los avances de las ciencias actuales. ¿Cómo distinguir la voz de
Jesús en medio de esta mezcla de lenguajes? Algo semejante les debió de pasar a
los constructores de la torre de Babel (Gén 11, 1-9).
¿Dónde escuchar la voz de Jesús, nuestro pastor?
Se me ocurren algunas ideas:
-La voz de nuestro pastor está en su palabra, en el Evangelio, en las
Escrituras.
-La voz del Pastor resuena con fuerza en nuestras casas en nuestras calles,
en el mundo, en aquel que demanda un gesto de respeto, de acogida, de
amor.
-Su voz la identificamos en el enfermo, en el pobre, en el indigente que
nos tiende su mano en la calle.
-Está también en el hospital postrado en la cama; en el que está en su casa
solo, sin poder salir, ni tener con quien compartir un rato de charla amigable
o a quien pedirle que le acompañe al médico o a dar un paseo por la vecindad,
porque se halla impedido.
-La voz del Pastor se oye con fuerza en las naciones en guerra, en los
campos de refugiados e inmigrantes, en las cárceles, en pueblos que viven en la
más clamorosa miseria.
En estos y otros lugares similares, sí se reconoce la voz del Pastor.
Difícilmente distinguimos hoy la voz del Pastor en las homilías de las
iglesias, en las conferencias de los teólogos, en las reuniones parroquiales,
en las catequesis. En estos ambientes no es fácil de distinguir, hay demasiadas
voces, discordantes unas de otras.
La lectura y meditación del evangelio en el silencio de la oración nos
abrirá nuevos caminos que nos ayuden a encontrar los lugares donde reconocer la
voz del Pastor: «Oí tu voz, que me llamaba con amor, // oí tu voz y tu
dulzura me cautivó. // Tú me llamaste mi Señor y aquí estoy yo. // Oí tu voz,
que me llamaba con amor, // oí tu voz y tus palabras yo escuché. // Tú me guiaste
mi Señor y aquí estoy yo».

