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miércoles, 13 de marzo de 2024

V DOMINGO DE CUARESMA - B

 Juan 12, 20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

«Señor, queremos ver a Jesús».

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.
Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo:

«Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

«Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

COMENTARIO

El autor de la Carta a los Hebreos es consciente de que al Hijo de Dios le costó sudor de sangre y lágrimas (en el huerto de los olivos) obedecer, aceptar la voluntad del Padre; pero aceptó y fue causa de vida eterna para todos los que creen en él.

Bien, aquí tenemos un modelo a seguir en nuestro caminar como cristianos, como discípulos de Jesús. ¿Somos capaces de aceptar que para dar vida hay que morir primero, como el grano de trigo? ¿Aceptamos la voluntad de Dios sobre nosotros, aunque nos resistamos a entender, o no le comprendamos en absoluto? ¿Asimilamos la enseñanza que nos transmite la propia naturaleza: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no da fruto?».

Reconozco que es muy difícil asumir que primero es la muerte y luego la vida. El mundo de bienestar en el que vivimos no lo entiende así: primero es gozar de un nivel de vida lo más confortable posible, aun a costa de lo que sea y de quien sea. De aquí encuentran justificación el aborto, la eutanasia, la devastación de nuestro planeta, el ignorar a millones de seres humanos del tercer mundo.

Las lecciones de vida que nos presenta nuestro planeta son fáciles de comprender y no admiten discusión: solo muriendo en tierra se engendra vida. Lo mismo el hombre: solo entregando la propia vida se multiplica la vida y, por tanto, se vive para siempre. Así parece desprenderse también del texto evangélico de este día.

¡Qué hermosa expresión y que digna de tener en cuenta en la educación de nuestros hijos la que encontramos en la Carta a los Hebreos!: «A pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer» Nosotros enseguida nos cansamos de exigir, de tratar de convencer a nuestros hijos de que solo a través de la cruz, es decir, del sufrimiento se llega al éxito, a la vida. Seamos constantes en mostrarles modelos de hombres y mujeres que triunfaron después de largos años de sufrimiento, de duro trabajo y estudio, de ahorro y privaciones. No tenemos que buscar lejos estos modelos: los tenemos en la propia familia seguramente. Aquí los abuelos tienen mucho que transmitir a las nuevas generaciones.

El próximo día 19 celebraremos el día del padre y del abuelo, la fiesta de san José, el padre de Jesús. Poco encontramos de él en los evangelios, pero asumimos las dificultes de su vida en los primeros años de vida de su hijo: acepta desposarse con María, busca inútilmente posada en Belén para que su mujer pueda dar a luz con un mínimo de comodidad, emigra a Egipto ante la amenaza de Herodes de ejecutar a los nacidos menores de dos años, busca con preocupación a su hijo que se quedó en el Templo de Jerusalén… Así pues, san José se nos presenta como un buen modelo de padre y santo protector.

Pidámosle en este día para que nos ayude en nuestro deber de abuelos, padres y educadores de nuestros jóvenes.

Que en esta celebración de la eucaristía aprendamos el valor de la pasión y la cruz que nos llevan a la vida y a la resurrección. Que en ella encontremos fuerzas en nuestro caminar de abuelos, hijos y educadores cristianos.

viernes, 20 de marzo de 2015

V DOMINGO DE CUARESMA - B

LIBRO DE JEREMÍAS 31, 31-34
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la que hice con vuestros padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: Ellos, aunque yo era su Señor, quebrantaron mi alianza -oráculo del Señor. Si no que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días -oráculo del Señor: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar el uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: Reconoce al Señor. Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande -oráculo del Señor, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.

COMENTARIO

Yahvé sorprende a su pueblo con el anuncio de una nueva alianza. En este pasaje escuchamos las palabras de consolación que, por medio del profeta, Dios dirige a su pueblo hundido en el desánimo: ¿Nos habrá olvidado Yahvé? ¿Puede una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque una madre se olvide, Yo, tu Dios, no me olvidaré de ti. Se trata de expresiones que nos evocan tiempos pasados vividos por Israel y Judá. El profeta les anuncia, que tras la nueva unión en un solo pueblo viene una nueva alianza de Yahvé con el pueblo de su propiedad.
Todo este mensaje hemos de situarlo en el contexto del Nuevo Testamento. Una vez más y ahora definitivamente Dios hará una nueva alianza con todos los pueblos por medio de su Hijo. Estamos a punto de celebrar un año más esta alianza nueva y definitiva de salvación.
Dios nos consuela con palabras de salvación cada año. La Pascua no es un mero recuerdo, es también celebración, como lo es cada eucaristía: celebración de la Pascua del Señor, del paso del Señor. Dios pasa a nuestro lado en cada eucaristía que celebramos o participamos, y nuestro Dios nos consuela y sorprende una vez más en cada eucaristía y en cada Pascua.

Preparémonos a celebrar el nuevo Paso (Pascua) del Señor.

miércoles, 21 de marzo de 2012

V DOMINGO DE CUARESMA -B

LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 5, 7-9

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas presentó oraciones y suplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de la salvación eterna.

COMENTARIO:
Señor, quisiéramos ver a Jesús. El evangelista nos dice que Felipe les llevó a Jesús.
Hoy también la gente nos pide ver a Jesús, y la respuesta del verdadero discípulo debe ser inmediata y satisfactoria, como lo fue la de Felipe. Se entiende que el creyente lleva en él la imagen del Maestro y que puede mostrarla en cualquier momento y ante cualquier circunstancia. ¿Es así en cada uno de nosotros?
¿Cuál es la imagen de Jesús que debemos mostrar para que el mundo crea? Sin duda la encontramos en la carta a los hebreos, que escuchamos en este domingo de cuaresma: Jesús orando angustiado a su Padre para que, si es posible, le evite el beber el cáliz del dolor; y el Padre le escucha, como nos escucha también a nosotros siempre que le invocamos; sin embargo, el Padre no le libra de la Cruz; y Jesús acepta el sufrimiento como obediencia al Padre y así es para nosotros salvación.
Así pues, la obediencia a la voluntad del Padre es la actitud del creyente que mejor manifiesta al mundo la imagen del Hijo de Dios. Y esta es la imagen que debemos mostrar al mundo, para que el mundo crea.
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