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lunes, 4 de enero de 2021

EPIFANÍA - B

 Mateo 2, 1-12

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

 COMENTARIO

La fiesta de la Epifanía, popularmente conocida como de los Reyes Magos, es la revelación o manifestación de Dios a todos los pueblos. Todos, no solo el pueblo de Israel están llamados a participar en la Historia de la Salvación: Dios Padre nos espera a todos a su lado, todos somos sus hijos.

San Mateo, en el relato evangélico que escuchamos en este día, nos habla de una estrella y unos magos: una estrella que aparece ante unos magos de Oriente, que buscan al Mesías, al niño nacido en Belén.

Hoy se celebra este día más como el día de los Reyes Magos, que cumplen nuestros sueños y nos regalan con sus dones. Para los niños es principalmente esto: la fiesta de los regalos. Y está bien que todos nos volvamos niños en este día. Para todos es la fiesta de la manifestación de Dios, Dios que se nos da como hombre, “Dios con nosotros” y comparte nuestra historia, con sus penas y también con sus alegrías. Dios se nos ofrece como el mayor de los regalos: Dios Salvador. Hoy contemplamos a Dios Salvador, Dios que acoge, que perdona, que salva a todos.

Para ver a este dios hay que desearlo y buscarlo, como los magos de oriente. Si lo buscamos, aparecerá una estrella también para nosotros, que nos guiará hasta el pesebre de Belén.

La riqueza de imágenes que nos ofrece el evangelista es grande y todas esas imágenes encierran un significado importante para los que lo buscan.

Para nosotros hoy y en este momento de nuestra historia la estrella que nos conducirá a Belén ante el pesebre la encontramos fácilmente en los hospitales; brilla con especial luminosidad en los médicos, enfermeras y personal de servicio; la estrella se nos muestra con claridad en tantos voluntarios y gente de buen corazón que hacen la compra a los confinados, que atienden a los que viven solos e impedidos. Si acudimos al palacio de Herodes, sus sabios nos van a decir que Dios con nosotros “Emmanuel”, su estrella brilla con especial luminosidad en tantas personas solidarias que nos llevarán hasta el necesitado, que no es otro sino el Dios que buscamos.

San Mateo nos dice que la estrella los guió hasta la casa donde estaba el niño con María, su madre. Lo adoraron y le ofrecieron sus dones.

También nosotros hoy somos invitados a buscar la estrella que nos guíe hasta la casa del niño nacido en Belén. También somos invitados a adorarlo y ofrecer nuestros dones. Cuando encontremos a Dios nacido en Belén, él cambiará nuestras vidas como las está cambiando estos días en tantas personas, y también nosotros nos transformaremos en nuevas estrellas para otros que buscan a Dios encarnado en nuestro mundo.

En la eucaristía se nos manifiesta Dios en su hijo que se entrega totalmente por nuestra salvación. Acojámoslo y encarnémoslo en nuestras vidas.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

EPIFANÍA DEL SEÑOR - B

SAN MATEO 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
- ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
- En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: "Y tú. Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; Pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles:
- Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que había visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron: después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

COMENTARIO:

El Pueblo de Israel vive demasiado preocupado y ocupado en reconstruir sus casas y propiedades, para comenzar de nuevo una vida con cierta tranquilidad; sin embargo, vive despreocupado de reconstruir el Templo, donde Yahvé se manifiesta. Y es sobre esto sobre lo que les habla el profeta Isaías. Yahvé volverá a manifestarse en el templo, al que vendrán de todos los confines de la tierra a adorar al Dios del cielo; por lo tanto, este debe ser el primero en recuonstruirse.
San Pablo hablará a aquellos primeros cristianos de ese Dios que ha venido para salvar a todos los hombres, sin distinción de pueblos, razas, color de piel, creencias… Es el Dios de Israel el que nos llama a todos a formar parte de un pueblo universal, donde todos tengan cabida.
San Mateo inicia su relato evangélico evocando la profecía de Isaías, donde unos magos de oriente han visto la estrella y se han puesto en camino para acudir a adorar al Niño en Belén.
Las autoridades de Istrael, sus sabios, el propio Herodes fueron incapaces de reconocer al Mesías, a pesar de que Dios también se manifestaba a ellos; sin embargo, su cerrazón en admitir otra forma de manifestación divina que la que ellos esperaban les impidió integrarse en el nuevo pueblo de Dios que estaba a punto de surgir.
Es importante, en el día de hoy caer en la cuenta de que Dios se manifiesta a todas las culturas, pueblos, religiones de la tierra. Es importante mirar al cielo buscando esa estrella que nos guíe ante el Portal de Belén. La intransigencia, el encerramiento en nosotros mismos, en nuestra propia creencia, nos cierra el horizonte e impide ver la estrella de Belén brillar en el cielo universal, que pertenece a todos por igual. Los demás tienen también una palabra que decirnos sobre Dios, sobre la vida, sobre el hombre… ¡Escuchemos con atención, oteemos de nuevo el horizonte! Alguna nueva estrella nos hablará otra vez de un Dios Salvador.
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