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miércoles, 25 de octubre de 2023

XXX DOMINGO ORDINARIO - A

 Mt 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

- Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
Él le dijo:

- “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser". Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

 COMENTARIO:

Jesús es consciente de que Dios Padre emplea variados recursos pedagógicos para conseguir que su pueblo predilecto cumpla la Ley que un día dictó en el Sinaí a Moisés, Ley que se resume en el amor a Dios y al prójimo. Así en el libro del Éxodo el autor sagrado recoge algunos de los medios pedagógicos que Yahvé le dicta: Amarás al forastero, porque forastero fuiste tú en Egipto; te preocuparás del huérfano y de la viuda, porque si ellos se quejan a mí de no ser atendidos, yo los escucharé y te dejaré a ti viudo y huérfano. Así pues, se trata de usar de la misericordia con que uno ha sido tratado antes y del temor a ser tratado con la misma moneda. Y es que el pueblo de Israel era duro de cerviz y lento en superar su actitud vengativa, que llevaba en los genes. Los profetas lo intentaron, pero con escaso o ningún éxito.

Jesús lo vuelve a intentar: Lo importante es el amor; al menos amar a los otros como uno se ama a sí mismo. Se trata de un nuevo paso pedagógico en la superación del estricto cumplimiento de la Ley mosaica. Los textos evangélicos son ricos en invitaciones a amar desinteresadamente, incluso más que a uno mismo, llegando a la entrega de la propia vida a favor de los otros, incluidos los enemigos. El propio Jesús así lo hizo.

Entre el pueblo creyente hay multitud de santos modelo que siguieron el ejemplo del Maestro. Su vida nos estimula en el camino del cumplimiento de la nueva ley del amor, predicada y vivida por el propio Jesús.

Aquí tenemos la síntesis de la ley divina: Amar no solo como nos amamos a nosotros mismos, sino también despreciar la propia vida a favor de quien nos la reclame. Así manifestaremos al mundo que somos verdaderos hijos de Dios.

Con frecuencia la excesiva preocupación de ser fieles a las diversas normas de nuestra religión nos impide poner en práctica la ley del amor. Un exagerado rigorismo nos impide amar. Esto mismo les podía estar pasando a los fariseos, perfectos conocedores de las leyes y posiblemente buenos cumplidores de las mismas. Jesús denuncia este comportamiento erróneo de su tiempo y hoy nos invita a revisar el nuestro, a la luz de sus palabras.

jueves, 26 de octubre de 2017

XXX DOMINGO ORDINARIO - A

ÉXODO 22, 20-26
Esto dice el Señor:
«No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos. Si los explotas y gritan a mí, yo escucharé su clamor, se encenderá mi ira y os mataré a espada; vuestras mujeres quedarán viudas y vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a alguien de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».

COMENTARIO

En este pasaje del Éxodo es evidente que Yahvé, el Dios de Israel, se pone del lado de los parias de la sociedad de aquel entonces, y seguro que de nuestro tiempo también.
La opción que toma Dios es clara, no deja lugar a dudas. Dios es dios de todos, pero parece que sus entrañas de misericordia se conmueven especialmente ante los desechados de la sociedad, aquellos cuya presencia tanto nos molesta: los forasteros, los emigrantes los huérfanos, las viudas, los pobres de necesidad, los que no tienen un céntimo en el bolsillo, una vivienda donde crear un hogar, ni una prenda de abrigo para defenderse del frío.
Dios se constituye en padre protector de todos los ignorados y rechazados, con frecuencia por nosotros mismos. Dios es al mismo tiempo juez y dictará sentencia en su favor: «Si gritan a mí, yo los escucharé, porque yo soy compasivo».
Este texto sigue siendo actual. Poco ha cambiado el mundo. Hoy sigue habiendo inmigrantes, pobres, huérfanos, harapientos. Cáritas nos recuerda de vez en cuando la situación en nuestra nación y en nuestro entorno más cercano. Sigue habiendo indigentes a las puertas de nuestras iglesias, en las calles, durmiendo en los soportales, arriesgando su vida en pateras. Nos dicen en los medios de comunicación (televisión, radio, prensa…) que estamos saliendo de una profunda crisis económica, y así lo creemos porque las cifras de la macroeconomía así lo indican; por lo tanto, debe ser verdad. Lo cierto es que Cáritas sigue afirmando machaconamente que la recuperación no acaba de llegar a todos estos que nos nombra hoy el pasaje del Éxodo.

Ahí queda este texto que nos abre, una vez más, nuestros ojos a la realidad. De todos modos, Dios Padre sigue esperando de sus hijos compasión y misericordia.
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viernes, 24 de octubre de 2014

XXX DOMINGO ORDINARIO -A

PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 1, 5c-10
Hermanos:
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde vuestra comunidad, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

COMENTARIO

La ilusión de todo misionero es ver cómo el primer anuncio de la fe que él hace se multiplica por medio de los primeros evangelizados en una progresión geométrica. Esta es precisamente la alegría de Pablo cuando escribe a los tesalonicenses: ya no tiene necesidad de seguir transmitiendo el mensaje del evangelio porque se extiende a través de los nuevos creyentes.
El mensaje de la fe se transmite por la palabra y por el testimonio; y el mensaje habla del mandamiento más importante de la Ley: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Deuteronomio). Este es el anuncio que hace la comunidad de Tesalónica: han abandonado los ídolos y se dedican por entero a servir a Dios.
En el versículo final de este pasaje está encerrado el segundo mandamiento más importante, amar al prójimo como a uno mismo. En efecto, vivir aguardando la vuelta del Señor es vivir como el propio Maestro nos enseñó a vivir: Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
En estos dos mandatos se compendia toda la Ley y los profetas, a decir de Jesús en el evangelio que escuchamos en este domingo.
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