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miércoles, 29 de abril de 2026

V PASCUA-A

 Jn 14, 1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no, os lo habría dicho, y me voy a prepararos sitio. Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.

Tomás le dice:

- Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?

Jesús le responde:

- Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.

Felipe le dice:

- Señor, muéstranos al Padre y nos basta.

Jesús le replica:

- Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.


COMENTARIO

Aquel pequeño grupo de apóstoles no las tiene todas consigo. Apenas les dice Jesús que él se va al Padre, ya tiemblan al sentirse solos, crece la inseguridad en ellos: sin el Maestro al lado, no son nada. De poco sirven las palabras de confianza que les dice Jesús: se sienten huérfanos. No acaban de entender que Jesús no puede mostrarles al Padre con mayor claridad: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. Y ahí están las obras que manifiestan claramente que Jesús viene del Padre. Dios Padre ha dejado de ser un misterio para ellos.

Pues bien, en este grupo, de fe tan débil, fía Jesús el inicio de la Iglesia. El resultado ya lo estamos viendo. Hoy también el Señor pone en nuestras manos la continuidad de su obra de salvación. Él está ahí presente, no nos ha abandonado nunca; pero la tarea es nuestra y somos capaces de llevarla a cabo, porque el Señor nos conoce mejor que nosotros mismos. Es humano que surja en nosotros la duda, la incertidumbre, la inseguridad en nuestras propias fuerzas y en nuestra capacidad; sin embargo, tenemos la seguridad que nos da el Señor al fiarse de nosotros y la valentía que nos da su presencia, invisible a los ojos humanos, pero clara para los ojos de la fe.

Nuestra mirada ha de estar ahora en aquel primer grupo de discípulos. En los Hechos se nos describe cómo comenzaron a organizarse material y espiritualmente. Naturalmente hay inquietud, dudas, preguntas sin fáciles respuestas, mucha incertidumbre. Sin embargo, El Padre y Jesús están con nosotros y su Espíritu ilumina nuestra inteligencia y anima nuestro espíritu. Exactamente igual que entonces, ahora también se nos invita a la colaboración. No todo es obra de los sacerdotes y catequistas, el resto de los fieles también están llamados a colaborar en el servicio, en el cuidado de nuestros lugares de encuentro, celebraciones litúrgicas y de convivencia. Hay que dedicarse también al servicio de la Palabra, a leer y meditar el Evangelio y ver qué nos pide hoy el Señor. Ya son muchos los que están manos a la obra: colaboran en la limpieza y adorno de nuestros lugares de culto, en las tareas de Cáritas, en la recogida y reparto de alimentos, ropa, medicinas, hacen la compra de cada día, traen las medicinas a los más ancianos y personas con dificultad de movimiento. Exactamente igual que se organizaban los primeros cristianos. Estamos pues en el buen camino. Se trata de que cada día seamos más.  San Pedro, en su carta, nos llama piedras vivas del nuevo templo, que es la comunidad cristiana. También debemos cuidarnos interiormente con la oración, así se nos sugiere en el libro de los “Hechos de los apóstoles”.

Conocemos a Jesús, y conocemos al Padre, al contemplar al hijo. Nuestras limitaciones humanas no nos permiten mayor claridad, pero esto nos basta. El Señor Jesús es el camino para llegar al Padre. Su proyecto de salvación es realizable y nosotros somos los encargados de darle continuidad y difusión; si no fuera así, ya nos lo hubiera manifestado el Señor.

Así pues, que ni la comodidad ni el miedo nos lo impidan. Nuestra seguridad aumentará en la medida que profundicemos en el conocimiento del Señor, porque en la misma medida se nos manifestará Dios Padre y ello nos dará firmeza en nuestro obrar.

jueves, 11 de mayo de 2017

V DOMINGO DE PASCUA - A

Hechos de los apóstoles 6,1-7:
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas.
Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra».
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

COMENTARIO

Estamos ante un texto que nos describe una situación de crisis de la primitiva comunidad cristiana, tal vez la primera crisis seria. Los convertidos provenientes de la diáspora tienen una mentalidad helenista, que difiere de la judía. La Iglesia ha de abordar el tema abriéndose a las nuevas situaciones.
Aquí se presenta también un problema de jerarquía de valores. ¿Qué es lo más importante: el anuncio del evangelio o la atención a las necesidades materiales de la comunidad creyente?
Hoy podemos fijarnos en cómo aquella primera comunidad de creyentes afronta ambos temas. Hay que abrirse a todas las culturas, a nuevas maneras de pensar y ver la vida. La Iglesia no puede cerrarse en su cenáculo. ¿Qué hubiera sido de aquel pequeño grupo de discípulos si se hubieran quedado anclados en su judaísmo? Era necesario que Jesús y su mensaje fuera ocupando el primer puesto, el único. De hecho, en el pasaje que leemos este día de la carta de Pedro, queda claro que Jesús es la piedra angular del edificio de la nueva comunidad; ya no es el judaísmo. Ya no es el Templo sino la nueva Iglesia la que debe ocupar el lugar central de la vida cristiana.
Por otra parte, está el problema de la jerarquía de valores. Los apóstoles ven con claridad que su misión es anunciar la palabra de Dios; el ministerio de la atención a las necesidades sociales debe encomendarse a otras personas de buena fama, sabiduría y espíritu.
Ahí queda una llamada a la corresponsabilidad en la tarea de la Iglesia: todos debemos colaborar en el mantenimiento y crecimiento de la Iglesia. San Pedro emplea la imagen de la construcción del edificio de la Iglesia, del que todos formamos parte: Cristo es la piedra angular y sobre ella nos situamos los demás, cada uno en el puesto que le corresponda según su vocación.
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miércoles, 14 de mayo de 2014

V DOMINGO DE PASCUA - A

PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO 2, 4-9
Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado».
Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: esta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ese es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

COMENTARIO

Jesús elige imágenes que el pueblo ve, contempla cada día y sabe de su valor y servicio: El camino nos facilita el encuentro, nos hace accesible la meta; las piedras son elementos sólidos de construcción… El pueblo sencillo encuentra así comprensible el mensaje que Jesús les transmite acerca de su Padre, del Reino, de sí mismo.
Los apóstoles -Pedro en su carta- utilizan la misma metodología para dirigirse a los primeros cristianos. Todos nos imaginamos lo que es una piedra angular y su importancia en la edificación de una casa; el resto de las piedras y material de construcción también son importantes, porque sin ellos no habría edificio; sin embargo, la piedra angular es la que da solidez a la construcción.
Jesús, el Señor, se nos presenta como la nueva piedra angular; y se nos dice que es piedra viva, esto significa que la anterior piedra angular ha pasado a la historia, ya no sirve para edificar el nuevo edificio (la Iglesia, el templo del Espíritu). Si queremos formar parte como piedras del nuevo edificio, hemos de aceptar que Cristo es la piedra angular y nosotros estamos llamados a ocupar un sitio dentro del nuevo edificio. De esto se trata. Cada uno ocupará un puesto tan digno como el del resto, según la vocación recibida. Tan solo una piedra de este edificio es superior en grandeza: la Piedra angular, es decir Cristo.
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