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miércoles, 22 de julio de 2026

XVII DOMINGO ORDINARIO - A

 Mt 13, 44- 52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

-El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?

Ellos le contestaron:

-Sí.

Él les dijo:

-Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

 

COMENTARIO:

Los acontecimientos futbolísticos vividos en estos días nos pueden servir para profundizar en nuestra fe.

Luis de la Fuente, el seleccionador de fútbol decía: "Vivir mi fe con coherencia me da seguridad para tomar decisiones, en el fútbol y en la vida".

El secretario general de la Casa de la Iglesia, César García Magán, añadía: «Celebremos el esfuerzo compartido, la humildad, la convivencia entre generaciones y la fuerza de un equipo que ha sabido caminar unido».

CONFER, finalmente, concluye asegurando que «sin duda, en equipo, en comunión y con fe, se llega más lejos». Juntos, somos mejores.

Estamos ante una nueva generación de jóvenes que hablan sin complejos de su fe, que no temen mostrar ese cristianismo que les sostiene en los momentos difíciles, y cuyo trabajo en equipo, solidario, certifica que, también como sociedad, “juntos, somos mejores”.

El seleccionador y su grupo de colaboradores han conseguido formar un grupo, perfectamente unido para llevar a buen puerto un proyecto, que tenía como meta lograr el campeonato mundial de fútbol. El resultado lo estamos disfrutando estos días. No ha habido protagonismos, tan solo un proyecto común en el que cada uno ha aportado sus mejores cualidades. Para algunos de ellos la fe les ha aportado mucho, así nos lo manifiestan en sus declaraciones.

El evangelio de Mateo de estos domingos nos ayuda a reflexionar en el proyecto del Reino de Jesús. Jesús invita a sus oyentes a participar en él, sin protagonismos. Les asegura la fuerza del Espírito Santo y el premio final del Padre.

Jesús les indica el camino a seguir, con imágenes tomadas de la vida diaria. Proceder como ese comerciante en piedras preciosas, que encuentra una de gran valor y vende todo para adquirirla; o ese pescador del lago de Galilea que va seleccionando los peces; ese labrador que encuentra un tesoro en el campo y va y compra el campo; esa mujer que barre y remueve toda la casa para encontrar una pequeña moneda, porque en ese reino que Jesús sueña no se desprecia a nadie.

Desconozco si estos textos evangélicos le han servido al seleccionador para inspirarse en su proyecto deportivo. De todos modos, ahí está su testimonio: "Vivir mi fe con coherencia me da seguridad para tomar decisiones, en el fútbol y en la vida".

Leamos y meditemos el evangelio también nosotros, que nos ayudará a vivir nuestra fe.

jueves, 27 de julio de 2017

XVII DOMINGO ORDINARIO - A

Primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12
En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:

- «Pídeme lo que quieras».
Respondió Salomón:
- «Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?».
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:
- «Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti».

COMENTARIO

«Saber discernir y docilidad de corazón» es la petición que hace Salomón a Yahvé.
Aquí está la clave de todo gobernante o dirigente de un grupo humano, político o religioso.
El rey Salomón pide a Dios inteligencia para discernir y un corazón dócil para poder guiar a un pueblo tan numeroso. Su petición no es egoísta: no pide tranquilidad, comodidad, riquezas, victoria sobre los enemigos, poder, honores de rey, gloria…
A Dios le agrada esta petición y le concede una inteligencia como no la ha habido hasta entonces ni la habrá jamás –afirma el autor sagrado.
¡Qué distinto es el panorama que observamos en nuestro mundo de hoy! Quienes aspiran a dirigir a una nación buscan el poder, gobernar por encima de todo; quien gobierna una empresa aspira a enriquecerse. Lo mismo podemos afirmar de quienes aspiran a los primeros puestos en los distintos grupos políticos, sociales o religiosos. Naturalmente que no todos son así: no todos aspiran a enriquecerse, a ser reverenciados, aplaudidos y tratados con honores. Son muchos los que buscan servir con inteligencia, lealtad y auténtico espíritu de servicio. Sin embargo, tenemos la sensación de que predomina el gusto por el poder y el enriquecimiento personal. Las noticias de corrupción nos sorprenden cada mañana y la ceguera que la ambición provoca en nuestros dirigentes les impide preocuparse de las necesidades más urgentes de sus súbditos.
El rey Salomón se nos presenta como ejemplo de prudencia, de sabiduría y generosidad con el pueblo que Yahvé le manda gobernar.
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miércoles, 23 de julio de 2014

XVII DOMINGO ORDINARIO - A

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 8, 28-30
Hermanos:
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

COMENTARIO
«Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien».
Todos conocemos a personas que presentan un rostro siempre en penumbra, todo lo ven oscuro. Cualquier acontecimiento de la vida lo interpretan negativamente. Donde otros ven la botella medio llena, ellos la ven medio vacía. En una palabra, ninguna palabra, ninguna persona, ningún hecho les sirve para hacer el bien, para ser felices, para esperar con gozo.
Muy al contrario, son los hijos de Dios. Cualquier acontecimiento, incluso cualquier desgracia personal la transforman en vida gozosa. Estos son los que nos asombran constantemente con sus palabras de esperanza, con sus acciones siempre desconcertantes. Son los que jamás responden a la violencia con violencia, los que perdonan siempre, los que acuden a ayudar a quien les acaba de causar algún mal, los que hablan siempre bien de sus difamadores.
Estos últimos son muchos, aunque caminan por la vida casi en silencio, sin hacer ruido; y por lo mismo, pasan inadvertidos. Sin embargo, cuando encontramos a alguno de estos que se cruza en nuestra vida se nos conmueven las entrañas, con frecuencia sentimos vergüenza por nuestro propio obrar; al mismo tiempo los admiramos  y agradecemos que nos ayuden a mirar el mundo y a los hombres desde otra perspectiva más próxima a la de Dios Padre y a la de su hijo, el Señor.
De algo de esto nos habla hoy san Pablo.
Que el verano nos sirva para contemplar el mundo desde el prisma de los hijos de Dios.
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