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miércoles, 2 de julio de 2025

XIV DOMINGO ORDINARIO - C

 Lc 10, 1-12.17-20


En aquel tiempo designó el Señor a otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares donde pensaba ir él. Y les decía:

-La mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no es detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en casa, decid primero: "Paz a este casa" Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que hay, y decid: "está cerca de vosotros el Reino de Dios". Cuando entréis en un pueblo y no es reciban, salid a la plaza y decid: "Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos sacudimos sobre vosotros". "De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios". Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para aquel pueblo".

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:

- Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.

Él les contestó:

- Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os sometan los espíritus; estad alegres, porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

COMENTARIO

Ahora iniciamos las vacaciones y nos vemos obligados a preparar el equipaje para pasar un tiempo de descanso alejados del ambiente habitual. En este domingo san Lucas nos ofrece el contraste entre nuestro equipaje veraniego y el equipaje de los obreros del Reino.

Cargamos nuestros coches con todo tipo de pertrechos; y es que no queremos olvidar nada para disfrutar del merecido descanso. Sin embargo, el trabajador del Reino no necesita de nada, tan solo debe llevar la paz con él, para contagiarla a los que se encuentre en el camino de la vida: «¡Poneos en camino!». «Paz a esta casa».

La mochila del peregrino del Reino lleva la salud para los enfermos, palabras de paz y perdón, y el anuncio del Reino: cosas ligeras para los hombros y antídotos contra el mal.

Al final del mes de vacaciones, los veraneantes, con frecuencia, sienten que no han descansado, que han vivido muy acelerados, nerviosos, tensos, agobiados por atender a tantos acontecimientos familiares, de amistades y festivos. Ciertamente que también hay quienes disfrutan porque se toman el tiempo de vacaciones con más tranquilidad y no lo saturan de actividades. De modo que lo que pretendía convertirse en vivir un tiempo alejados de los agobios y preocupaciones de cada día, resulta con relativa frecuencia ser una trampa.

Sin embargo, los peregrinos del Reino regresan de su tarea evangelizadora contentos, con ganas de volver, porque su trabajo ha resultado gratificante: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».

Posteriormente el Señor les invitará a descansar de su tarea evangelizadora, pero se trata de un descanso contemplativo: saborear la labor realizada y el fruto obtenido. ¡Qué diferencia de vacaciones! Merece la pena trabajar por el Reino y esperar el descanso que el Señor dará a sus obreros con generosidad, para recordar y celebrar complacidos los trabajos realizados y los momentos vividos.

Si el tiempo de descanso veraniego lo aprovechamos haciendo el bien, podremos regresar a nuestro trabajo habitual con la plegaria del salmista en nuestros labios: «Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor» (Sal 130).

jueves, 4 de julio de 2019

XIV DOMINGO ORDINARIO - C

ISAÍAS 66, 10-14c
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto, mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.
Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo, se alegrará vuestro corazón, y vuestros huesos florecerán como un prado; se manifestará a sus siervos la mano del Señor».

COMENTARIO

«Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
Ni me retiró su favor» (salmo 65).
Así nos sorprende el salmo 65 hoy. Lo hemos rezado entre lecturas.
San Pablo a los gálatas también les desea lo mejor: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos». Y en otro lugar de la carta les dice: «Lo que cuenta es la nueva criatura».
Tanto san Pablo como el profeta Isaías nos invitan a no hacer caso de los agoreros, de los esclavos de la Ley y de la norma. Lo que cuenta para san Pablo es la Cruz de Cristo, que es la que nos libera y nos salva.
El profeta Isaías vio la liberación y el retorno de la paz y la prosperidad a una nueva Jerusalén y así se lo anunció a un pueblo hundido en la desesperación.
Con imágenes de fácil comprensión intenta animar al pueblo: «Alegraos, los que por Jerusalén llevasteis luto». Dios desviará hacia Jerusalén la paz como un río en crecida y como un torrente las riquezas de las naciones.
La Iglesia ha querido ver en esta profecía la llegada de los nuevos tiempos con la venida de Jesucristo, el Hijo de Dios.
Jesús, el Señor, nos ha traído la paz, la esperanza, la ilusión perdida. Los cristianos de hoy no debemos dejarnos engañar por los visionarios de desgracias. Nuestra esperanza hemos de ponerla en Dios Padre, que no abandona jamás a sus hijos, por pecadores que se sientan en su presencia. Un buen padre jamás abandona a su hijo caído en desgracia: enfermo, drogadicto, huido de casa, perdido en la miseria y en la desesperación a las que le hayan podido llevar sus malas compañías.
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sábado, 6 de julio de 2013

XIV DOMINGO ORDINARIO - C

CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS GÁLATAS 6, 14-18
Hermanos:
Dios me libre de gloriarme si no es la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma; también sobre Israel. En adelante, que nadie venga con molestias, porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos, Amén.

COMENTARIO
          Se trata del final de la carta a los gálatas. Como en otras cartas, Pablo se despide de sus lectores y les presenta algunas recomendaciones o consejos finales.
            Pablo se presenta como imitador de Cristo y modelo a imitar por los gálatas. Pablo ha combatido el combate de la fe y ha ganado la batalla final. Ahora se presenta a los gálatas con los trofeos conquistados, que no son otros más que la Cruz y Jesús crucificado.
‘Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo’: Esta puede ser la firma de su carta.
         Así pues, todo seguidor de Cristo ha de esforzarse por conquistar la Cruz, único trofeo que nos garantiza el haber sido seguidores perfectos de Cristo.
           Finalmente Pablo nos desea la paz y la misericordia de Dios Padre, que nos vendrán con la conquista de la Cruz.
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