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miércoles, 18 de octubre de 2023

XXIX DOMINGO ORDINARIO - A

 Mt 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

- Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

- Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

- ¿De quién son esta cara y esta inscripción?

Le respondieron:

- Del César.

Entonces les replicó:

- Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

COMENTARIO

San Pablo da gracias a Dios en sus cartas a los cristianos de las iglesias por donde él ha pasado anunciando el evangelio, porque le han hablado de la actividad caritativa que ha producido aquella fe incipiente, que él dejó; del aguante de la esperanza de aquellos buenos cristianos y del esfuerzo de su amor. Él atribuye esta madurez en la fe a la fuerza del Espíritu y a su profunda convicción.

Jesús, en el relato del evangelio que hoy escuchamos, se duele de los fariseos, porque en ellos, muy al contrario que en los cristianos de Tesalónica, solo hay palabrería, pero les falta la convicción y la fuerza del Espíritu. Efectivamente, Jesús admira a los fariseos por su conocimiento de la ley, posiblemente también por su predicación al pueblo; sin embargo, les acusa de ser sepulcros blanqueados, y al pueblo sencillo le aconseja que sigan su doctrina, pero no su hipocresía en el vivir.

Una vez más Jesús deja en evidencia a los fariseos ante el pueblo. No se presentan ellos directamente ante el Maestro, se hacen representar por medio de unos discípulos para dejar su imagen limpia ante el gentío. Su proceder y su pregunta no buscan la verdad, tan solo coger en una trampa a Jesús. La acusación de ‘hipócritas’ es la adecuada a su proceder. La respuesta que da el maestro también es la correcta y no admite réplica: la moneda es del César y debe retornar al César; a su vez la moneda y el César son de Dios, y a Dios han de retornar ambos; pues todo y todos venimos de Dios y a él estamos destinados a volver, como hijos de él que somos. Él es un padre solícito, que cuida de todos sus hijos como un pastor cuida de su rebaño y no permite que nadie le arrebate ninguna de sus ovejas.

Evitemos la actitud de los fariseos, que aparentan lo que no son, y buscan excusas de todo tipo para no aceptar al hijo de Dios. Nuestra actitud ha de ser la de los tesalonicenses: aceptar por la fe al Señor y dar fruto de buenas obras con la fuerza del Espíritu Santo y el ejercicio constante del amor.

María, madre de la entrega generosa, llévanos tú a Jesús.

miércoles, 18 de octubre de 2017

XXIX DOMINGO ORIDNARIO - A

ISAÍAS 45, 1. 4-6
Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano, para doblegar ante él las naciones y desarmar a los reyes, para abrir ante él las puertas, para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título de honor, aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mi.
Yo soy el Señor, y no hay otro».


COMENTARIO

Este profeta, de nombre desconocido, nos presenta una interpretación nueva de la historia universal de salvación. Si los reyes extranjeros anteriores habían sido vistos como medios, necesarios en la acción de castigo de Yahvé al pueblo, este nuevo príncipe, Ciro de Persia, es visto como el libertador del pueblo, partícipe en la acción liberadora de Dios. Piensa este profeta que Dios se vale de la historia humana para llevar a cabo sus planes de liberación y salvación.
¿Qué nos aporta este mensaje en este domingo del DOMUND, día en que recordamos a los misioneros, que dedican su vida a extender el mensaje de liberación –salvación- a los pueblos que nunca han oído hablar de Dios y del evangelio?
En primer lugar, que en la historia humana podemos ver siempre la acción de Dios en la bondad, en los principios éticos y sociales de los pueblos y sus gobernantes. Dios está presente en la historia, no se desentiende de los hombres: si estos obran con bondad y justicia, buscan la paz y concordia entre ellos, entonces es que Dios Padre también ha dado sus talentos a los no creyentes y estos han sabido hacerlos fructificar.
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viernes, 17 de octubre de 2014

XXIX DOMINGO ORDINARIO - A

PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor. Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

COMENTARIO

El DOMUND, que recordamos cada octubre del año nos brinda la oportunidad de ofrecer una breve reflexión relacionada con el ser y el hacer de nuestros misioneros.
Los misioneros no constituyen un grupo a modo de ONG, son algo distinto y diferente. Loable es la labor de muchas ONG; sin embargo hay algo en nuestros misioneros que les diferencia. Pablo, Silvano y Timoteo nos ofrecen las claves para la comprensión de esta idea.
Aquellos primeros misioneros del cristianismo se encarnan de tal modo en la comunidad de Tesalónica que les llevan en su recuerdo, les sienten en lo más íntimo de su ser, brotan espontáneamente en su plegaria, porque en la oración recopilamos las vivencias más profundas y las presentamos a Dios Padre.
Se daba una simbiosis tan profunda entre misioneros y misionados, que la fe, la esperanza y el amor van al unísono: la comunidad cree, espera y ama como ellos; Pablo Silvano y Timoteo se han convertido en ejemplo a imitar; y la fuerza del Espíritu que les transmitieron ha obrado el milagro de la asimilación de la Buena Nueva que les transmitieron.
Aquí, me parece a mí, radica la diferencia entre nuestros misioneros de hoy y las ONG.
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