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miércoles, 1 de octubre de 2025

XXVII DOMINGO ORDINARIO - C

 (Lc17, 5-10)

En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor:

-Auméntanos la fe.

El Señor contestó:

-Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esa montaña: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «enseguida, ven y ponte a la mesa?». ¿No le diréis: «prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú?». ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

 

COMENTARIO:

«Escribe la visión y grábala en tablillas» nos recomienda el profeta Habacuc en la primera lectura de este domingo. «Reaviva el don de Dios que hay en ti» –le aconseja san Pablo a Timoteo en la segunda lectura de este día.

¿Qué es lo que tenemos que grabar en tablillas y qué don tenemos que reavivar? Se trata de la fe, grabada gratuitamente en nuestro interior el día de nuestro bautismo. Y la fe es precisamente ese don que tenemos que reavivar, porque según el texto evangélico de Lucas lo tenemos casi muerto: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza…», cambiaríamos, sin duda, nuestro mundo para mejor.

¡Vaya ocurrencia también la de los apóstoles! Van y le piden a Jesús, sin previo aviso: «Auméntanos la fe». De sospechar la respuesta del Maestro, la petición hubiera sido otra muy distinta. Pues bien, Jesús, sin extrañarse –como si esperara la petición en cualquier momento, les dice: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza…»; con lo que les deja bien claro que su problema no se soluciona aumentando la fe, porque carecen de ella por completo.

¡Vaya sonrojo para aquel pequeño grupo! ¡Y ellos que ya se creían en un alto escalafón de la fe! Lo más sorprendente de todo es que Jesús, con este pequeño grupo de incrédulos, pretende transformar el mundo; y además lo va a conseguir. Dos mil años después de este hecho que Lucas nos cuenta comprobamos que la fe cristiana, testimoniada hasta las últimas consecuencias está revolucionando nuestro mundo en beneficio de toda la humanidad. Aunque nuestra propia fe esté un poco apagada, sin embargo, ahí está la fe de nuestros misioneros, de tantos cristianos comprometidos y de aquellos que veneramos ya como santos; los hechos lo atestiguan ampliamente.

Aprendamos la lección del pasaje evangélico de hoy: no creamos que basta ya la fe que tenemos; sin embargo, no caigamos en el desánimo tampoco, que el Señor cuenta con nosotros, con nuestra débil fe en él para construir su Reino.

¿Qué hacer? Muy sencillo: comencemos por pedir, desde la humildad, que el Señor avive la pequeña llama de fe recibida en el bautismo; y mantengamos su resplandor con ejercicios de caridad.

El apóstol Santiago dejó escrita esta frase lapidaria en su carta: «La fe sin obras es fe muerta». Preguntémonos ahora cómo estamos de fe y hagámonos esta sencilla reflexión en forma de pregunta: ¿Nos atreveríamos a pedirle a una montaña que se plantase en el mar? Pues está claro que el Señor aseguró que, si tuviéramos un poco de fe, trasladaríamos montañas o arrancaríamos los árboles de cuajo. Es así que no nos atrevemos a decir a un monte que se traslade, ni a un árbol que se arranque de la tierra, por temor a hacer el ridículo…, luego nuestra fe sigue siendo muy pequeña.

De todos modos –fuera de bromas– de vez en cuando nos vendría bien examinar nuestra calidad de fe: las obras de caridad que hagamos desinteresadamente pueden ser el mejor termómetro que mida la grandeza de nuestra fe.

Con la seguridad de ser escuchados, pidamos hoy al Señor como aquel pequeño grupo de apóstoles: Señor, «auméntanos la fe».

jueves, 29 de septiembre de 2016

XXVII DOMINGO ORDINARIO - C

PROFECÍA DE HABACUC 1, 2-3; 2, 2-4
¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?
¿Por qué me haces ver crímenes y contemplar opresiones?
¿Por qué pones ante mí destrucción y violencia, y surgen disputas y se alzan contiendas?
Me respondió el Señor:
«Escribe la visión y grábala en tablillas, que se lea de corrido; pues la visión tienes un plazo, pero llegará a su término sin defraudar. Si se atrasa, espera en ella, pues llegará y no tardará. Mira, el altanero no triunfará; pero el justo por su fe vivirá».

COMENTARIO

«El justo vivirá por su fe» (Hab 2, 4). «Reaviva el don de Dios que hay en ti» (Tim 1, 6). «Señor, auméntanos la fe» (Lc 17, 5).
Las lecturas de este domingo insisten en la importancia de mantenerse firmes en la fe que hemos recibido. En el evangelio los discípulos piden a Jesús que les aumente su fe.
Todos los textos que encontramos en la Escritura nos hacen deducir que no es fácil mantener la fe, que es necesario cuidarla, rogar al Padre que nos ayude a conservarla y que nos la incremente.
Experiencias constantes encontramos en la Biblia de las reiteradas infidelidades del pueblo de Israel, a pesar de las innumerables pruebas de protección de Yahvé. Tan solo un resto se mantiene fiel.
La tentación de la infidelidad está ahí ante nuestra vista. Hay momentos difíciles en la vida de cada uno de nosotros que nos incitan a abandonar, a perder toda esperanza, a preguntarnos dónde estaba Dios en esos momentos, por qué tanta guerra, tanto sufrimiento de inocentes, por qué siguen triunfando los perversos y fracasando los justos, por qué tarda tanto en actuar Dios a favor del honrado e inocente, a qué espera...
Hoy el profeta insiste por enésima vez que Dios no nos defraudará y lo expresa citando palabras textuales de Yahvé: «… llegará a su término sin defraudar». «… espera en ella, pues llegará y no tardará».

Ahora bien, no es fácil esperar, mantenerse fieles. De hecho, comprobamos que a lo largo de la historia del pueblo de Israel tan solo un resto, unos pocos creyeron, esperaron contra toda esperanza; y se sintieron reconfortados con abundancia. Estos son quienes nos estimulan a seguir firmes en nuestra fe e inamovibles en nuestra esperanza.
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viernes, 4 de octubre de 2013

XXVII DOMINGO ORDINARIO - C

SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A TIMOTEO 1, 6-8. 13-14
Querido hermano:
Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y de mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor cristiano. Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

COMENTARIO:
Testamento de san Pablo a su querido Timoteo: Vive con fe y amor cristiano. Este es el gran tesoro que le manda guardar: La fe y la expresión de esta, el amor. Santiago dirá en su carta que la fe sin obras es fe muerta. Y efectivamente el amor manifiesta la madurez en la fe que poseemos: El amor es el termómetro que mide nuestra fe.
Dios no nos ha dado un espíritu cobarde. San Pablo se presenta como modelo ante los creyentes: En la cárcel y a punto de dar testimonio de su fe con su vida, es todo un ejemplo a imitar.
Una última recomendación: Que cada uno trabaje por el evangelio según las fuerzas que Dios le ha dado.
Para llevar adelante esta tarea es necesario reavivar constantemente el don recibido el día de nuestro bautismo. Aquí tienen una gran labor que hacer nuestros pastores en las asambleas litúrgicas: Animar a los creyentes a vivir el evangelio recibido; animar, nunca desalentar; perdonar, nunca condenar; sonreír, nunca mala cara…
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