jueves, 9 de abril de 2009

VIERNES SANTO

SOLEDAD EN LA CRUZ

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena”.

Hoy es un día de contemplación, en silencio junto a la Cruz: Jesús solo, abandonado de todos; ni siquiera su propio Padre Dios puede estar allí. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46; Mc 15, 34): expresión máxima de soledad, abandono, desolación y angustia de Jesús en la Cruz.

Esa es la dura y trágica realidad de la Cruz y de la cruz de cada uno: nadie puede estar en ella más que el propio dueño. Nadie nos puede sustituir en la cruz, porque cada uno pende de la suya.

La sensación de abandono y soledad es lo peor de soportar. Tal vez por esto son pocos los que aceptan la cruz, patíbulo inevitable si queremos ser resucitados por el Padre.

Hoy, ante la Cruz del Señor, aceptemos nuestra propia cruz, esperanzados y sabedores de que nos conduce a la salvación.

Mientras tanto, al pie de la Cruz, en la distancia con María, agradezcamos al Señor habernos enseñado a morir sintiendo el abrazo definitivo del Padre: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (sal 31, 5).

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